martes, 31 de marzo de 2009

Un personaje de otra época

Hoy he tenido la fortuna de compartir mesa y mantel con el Sr. Embajador de la Unión Europea en D´Jibouti D. Joaquín González-Ducay. El puesto que ocupa se llama DELEGATION DE LA COMMISSION EUROPEENNE EN REPUBLIQUE DE DJIBOUTI Se trata de un español ejerciendo funciones diplomáticas europeas en el continente africano. Europa empieza a tener una voz en el contexto internacional y D. Joaquín ejerce con experimentada maestría sus funciones en este rincón del mundo.

Lo primero que llama la atención del señor Embajador es su imagen. Aquí, en D´Jibouti, resulta una persona de aspecto extremadamente llamativo, pero incluso imaginándole paseando por la calle Serrano de Madrid, creo que llamaría la atención.

Viste un elegante traje beige de algodón, camisa blanca con cuello de aspecto almidonado, exquisita corbata y zapatos castellanos impolutos (cuestión harto dificultosa por estas tierras).

Tiene mediana edad, quizás cincuenta o cincuenta y dos años. Es moreno de piel, luce una larga y bien arreglada cabellera con canas abundantes pero lo que le proporciona un aspecto aristócrata del siglo XIX es su barba prominente y su inmenso mostacho que desborda la barba y que le confiere un aspecto singular. Su cara transmite tranquilidad, confianza, experiencia, madurez.

Conoce nuestros empleos, su trato con nosotros y con todo el mundo con el que se cruza es, en todo momento de Usted, pero en su boca el tratamiento de cortesía no rechina, sale con normalidad, con naturalidad.

Es una persona de conversación fluida, no permite los tiempos muertos, escucha con atención a sus interlocutores mostrando conocimiento de sus funciones y gran interés por los detalles operativos de nuestro trabajo.

Elogia sin ambages la labor de los militares en el exterior como instrumento de política nacional al servicio del Estado. Nos califica como excelentes embajadores de España en le mundo mostrando la bandera, pero también elogia el carácter que mostramos en el exterior: afable, abierto, educado, cortés y respetuoso con las costumbres locales. Nada que ver desde su punto de vista con la forma de actuación de otros colectivos más o menos europeos.

Su conversación tampoco resulta agresiva, no descalifica a nadie en particular. Ni como colectivo, ni de forma individual. Muestra una cultura inmensa, conoce a la perfección nuestra historia, incluso la historia militar. Hace gala de una enorme inteligencia, pero sin resultar ostentoso ni empalagoso.

Su conversación sobre política es abierta, muestra opiniones siempre racionales, cabales, sensatas, pero oculta de forma deliberada sus preferencias. Lo hace con suma maestría. Es en todo momento un diplomático excelente, un diplomático con mayúsculas.

No tuve la fortuna de obtener una fotografía suya, más me hubiera gustado, pero como creo que una imagen vale más que mil palabras, adjunto de la imagen obtenida en la red del personaje histórico que "físicamente" más parecido he encontrado a su persona.


Espero que si en algún momento, el ínclito personaje lee mi humilde blog, disculpe mi osadía. En cualquier caso aprovecho este post para decir públicamente:
¡Enhorabuena Sr. Embajador por su trabajo, por la forma de ejercer sus funciones y especialmente por su modo de ser!

1 comentario:

  1. tuve la fortuna de trabajar con Don Joaquin hace 3 años, y corroborro lo que dices: es un CABALLERO. en dos palabras: un-señor!

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