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martes, 19 de mayo de 2009

Agradecimiento

Adjunto la carta de agradecimiento recibida del Hospital de Balalah para conocimiento de todos los que han contribuído con la ayuda que habéis conseguido enviarnos:

A la atención del Tte. coronel José Nieto Guerrero,
Jefe del Destacamento Orión

Djibuti, 16 Mayo 2009

Estimado José:
La llegada a Djibuti de vuestro destacamento, así como la del
"pionero" Úrsulo, nos ha llenado de alegría, y sobre todo en el
Hospital de Balbala y a los niños allí internados en la sala de
Pediatría y a sus madres.

Benjamín, Víctor, Manuel, Gabi, Nacho, Hernández (y no sé si me dejo alguno más), vuestro entusiasmo por ayudarnos ha llegado a vuestras familias y lugares de origen y el impacto lo sentimos nosotros. Nos habéis dicho que vuestros aviónes están colapsados con material de ayuda:¡nunca habíamos te nido una respuesta tan entusiasta!

Nos ha gustado conoceros y saber que tenemos “lo mejor” en el escuadrón español de Djibuti.

Con nuestro profundo agradecimiento recibid un gran abrazo,

Dr Madian,
Director del Hospital de Balbala

Miriam Martinelli,
Encargadad el Programa de Nutrición

Teresa Equisuany y María José,
Voluntarias del Programa de Estimulación Infantil de Balbala


No hay mejor recompensa que la gratitud de los necesitados. Gracias a todos.

lunes, 18 de mayo de 2009

Solidaridad

¡Es impresionante la respuesta de nuestra gente en España!

Después de dos meses por estas tierras, quien más quien menos de este Destacamento ha descrito de una u otra forma a sus familiares y seres queridos en España la pobreza de la población de D´jibouti, el estado de sus viviendas, la necesidad de alimentos, de ropas, de medicinas, de agua…

Nuestra misión es apoyada mediante un vuelo de sostenimiento periódico en el que se transporta el personal de relevo así como el material de mantenimiento necesario para que el avión siga operativo. Motores, generadores, herramientas y utillaje nos son enviados desde España y hacen que el avión pueda mantenerse en vuelo. Además del material, el “Hércules” transporta al personal de relevo correspondiente. En este caso relevamos la tripulación, que no puede permanecer en zona por un tiempo superior a dos meses por tema de la medicación contra la malaria, ya que ellos volverán en un plazo aproximado de seis meses y de no interrumpir la ingesta, su hígado no sería capaz de disipar una dosis tan elevada. Asimismo, vienen marineros de relevo para los distintos buques españoles que tenemos en la zona.


Además de la anterior carga de material y personal, el hueco disponible en el avión se ha llenado de cajas… ¿qué traen esas cajas? Las cajas son la respuesta a nuestros comentarios sobre la precaria situación en la que se encuentra la población local. Medicamentos, material de cura, pañales, ropa de bebé, material escolar, comida no perecedera, juguetes… en definitiva, ¡amor y solidaridad!

Siempre me he preguntado ¿qué pasa con la ayuda que “determinadas organizaciones” envían al tercer mundo?, ¿llegará finalmente a su destino?, ¿a los más necesitados?

Puedo garantizar que en este caso, todo, absolutamente todo se entrega al hospital de Balbala, al dispensario de comida, a CARITAS, al orfanato, a la ONG de Castellón que hay en el camino del Lago d´Assal… ¡entrega directa! ¡sin más intermediarios!... nosotros nos limitamos a entregarla, no buscamos “la foto”.

Me consta que gente humilde en España ha contribuido con lo que ha podido, han acudido a farmacias para comprar medicinas básicas, han donado sus recuerdos, incluso algo más que lo prescindible. Quiero dar las gracias a todos: colegios como el “Santísima Trinidad de Villalba”, asociaciones deportivas, familias, particulares… en nombre de personas con muchas necesidades, me gustaría agradecer a todos vuestra generosidad y vuestro buen corazón.


Tal vez se trata de una gota en un océano, pero gota a gota, paso a paso es como se inician las grandes travesías.

sábado, 16 de mayo de 2009

Vida de un yibutí

Reproduzco hoy la carta de un yibutí dirigida a todo aquel que quiera conocer en primera persona cómo es la vida de una persona en este país. El relato de su vida no es excepcional, es la narración humana y sencilla de la vida en D´jibouti.

Buenos días,

Me llamo Ibrahim Chehem Ibrahim; nací en Yibuti el 17 de mayo de 1977. Viví con mis padres en la sabana Mi madre murió en 1987 y mi padre en 1995.
He asistido a clase desde los siete años; he seguido con regularidad mis estudios hasta la muerte de mi padre.


Al ser el mayor, suspendí mis estudios para cuidar de mis hermanos pequeños. Todas las responsabilidades de las que me he dado cuenta al convertirme en el padre a cargo de una familia, me han hecho tomar conciencia de las dificultades para atender las necesidades de todos. He ido a D´jibouti capital para trabajar, pero me he dado cuenta de los problemas del paro. Encontrar trabajo es muy duro.

Al morir mi padre me dejó algunas cabras y unas vacas. Insuficiente para toda la familia. He tenido que vender una parte para pagar los estudios de mis hermanos y comprar lo necesario para comer.

Durante varios años luché en la sabana para resolver sus necesidades. A continuación me casé; tuve seis hijos y los problemas se incrementaron. En consecuencia volví a D´Jibuti capital para encontrar trabajo. Así pues, dejé mis cabras a mi hermano, que a su vez se casó y tiene tres hijos. Esta vez tuve suerte porque encontré trabajo de vigilante en una escuela L.E.C. (Lire, Écrire, Compter; nombre que reciben las escuelas de Primaria) de Boulaos, con las Hermanas de la Presentación de María en el Templo. Al cabo de dos años, terminado el contrato, las hermanas me enviaron a Caritas, donde necesitaban un vigilante.

En Caritas conocí a una señora que impartía clases gratuitas de informática. He seguido sus clases y dice que estoy dotado para ello. Terminada su estancia en D´jibouti, esta señora saldrá pronto para Francia. Desde este momento ya no tengo profesor y si quiero continuar en setiembre tendré que matricularme en el centro de l´Alliance, aprender inglés además de informática, y eso pagando; por si fuera poco al ser los cursos durante el día, tendré que encontrar un trabajo de vigilante por la noche para atender a las necesidades de toda la familia. Como no tengo medios, espero ayuda para obtener mi diploma. Con mi diploma podré obtener un puesto de secretario y ganar dinero para atender a las necesidades de mis hijos y sobre todo ofrecer a mi hija sordomuda una escuela apropiada para ella. Eso me permitiría escolarizar también a mis hijos y nacionalizarlos.

Ahora intento construir una casa para que mi mujer y mis hijos tengan un lugar para vivir confortablemente. Tengo la suerte de tener al P. Francisco que me ayuda en mi trabajo que hago el viernes, día de mi descanso.

D´jbouti es un país dividido por cuatro lenguas oficiales: afar, issa, francés y árabe con religiones diferentes: musulmana, católica, protestante y ortodoxa. Para vivir en perfecta armonía, debemos mostrar tolerancia, aceptar las diferencias de cada cual y respetar las ideas de las personas y la religión de cada uno. Eso no es fácil porque a veces debido al khat, los tumultos aparecen en cada esquina.

Las normas de nuestro país son bastante cambiantes según las personas. En consecuencia la gente hace lo que le viene en gana y por ello, encontrar trabajo no resulta fácil si uno no está recomendado por alguien mucho más importante.

No conozco nada de su país, pero por Internet he aprendido que ustedes son un país muy desarrollado. No se habla de los pobres; porque sin duda, han encontrado soluciones para aliviar sus necesidades. No puedo hablar de la gente de su país porque no lo conozco. Conozco a italianos, franceses, árabes, yemeníes, etíopes, somalíes y afars.

- Los afars: Son muy acogedores y solidarios. Son minoría en D´jibouti.
- Los etíopes: Muchos son pobres que no tienen nada y que duermen en las calles. Fuman mucho, y se emborrachan a causa de esta pobreza, y se vuelven agresivos.
- Los franceses: Muchos de ellos piensan que son los propietarios de D´jibouti. Actúan sin tolerancia y sin generosidad. Sin embargo hay algunos que son muy generosos para compensar a la gran mayoría.
- Los árabes: Muchos son comerciantes, son muy amables y trabajan mucho por los musulmanes y las escuelas coránicas. Es una clase acomodada.
- Los somalíes: son muy belicosos, se refugian fácilmente en D´jibouti a causa de la guerra en su país, son pobres.
- Los yemeníes: Son los árabes de Yibuti.
- Los italianos: Ayudan enormemente a los pobres, con frecuencia por medio de congregaciones religiosas. Son muy amables.

Me gustaría que ustedes se interesaran por mi vida y me ayudaran, del mismo modo que ayudan a sus pobres, a fin de que mis hijos puedan vivir mejor que yo.

Europa envía ayudas cuyo resultado no se ve. ¿Por qué no venir para darse cuenta de nuestras necesidades y hacer de tal modo que podamos realmente salir adelante? Sabemos que hay ayudas que han llegado pero no las vemos. Les reprochamos el dar demasiado dinero a los ricos y nada a los verdaderamente pobres.

Les aconsejo que no den dinero al Estado sino que hagan de tal modo que el Estado pague nuestras facturas escolares, de sanidad y de alimentación, no en dinero sino directamente. Ejemplo: Si no tengo qué comer voy contigo a hacer las compras, tú pagas pero no das dinero; si necesito material de clase, tú compras; y si tengo que matricular en la escuela, tú inscribes y tú pagas.

Le aconsejo que vengan y tomen conciencia de la verdadera pobreza y de las verdaderas necesidades de la gente de la calle, en D´jibouti, pero sobre todo en los alrededores porque entre la gente que pide dinero los hay muy ricos a quienes les gusta pedir.
Espero pronto sus noticias.
Hasta la vista.

Ibrahim Chehem Ibrahim
Balbalah, República de D´jibouti
(PD: Carta corregida, por las faltas, por su profesora de informática)

viernes, 15 de mayo de 2009

Enfermedades infecciosas

He tenido la fortuna de conocer y charlar con Jaime, médico español jefe de la unidad de enfermedades infecciosas en el hospital de D´jibouti. Es el marido de Teresa, quien ha improvisado el dispensario de comida junto al hospital de Balbalah.

Es barcelonés, tiene sesenta y cinco años, alto, enjuto y ágil. Su familia tenía una buena posición social, eran industriales textiles, estudió medicina y trabajó en Nueva Orleans, y luego Nueva York donde se emparejó con una modelo española, mujer de moda a quien se disputaban los saraos del Estudio 54 y las fiestas VIP. Cuenta de aquella época que Andy Warhol, Liz Taylor o Liza Minelli ignoraban que aquel doctor “tan simpático” había pasado la tarde en Harlem con infecciosos… pobres y ricos acabarían muriendo, a la vez, de un mal entonces ignorado: el sida, la mitad también con tuberculosis.

"Entre los 12 primeros enfermos de sida, en 1978, dos eran míos: uno era un cocinero del hotel Plaza que había estado en Haití y el otro, un drogadicto"…se plantó en Haití y vio la mayor miseria de su vida y se quedó cuatro años. Luego estuvo en Uganda donde cuenta que comenzó contando muertos. Inició un hospital en Sudán, donde convivió con el virus ébola.

Jaime ha ido siempre “por libre”. Busca trabajos que le permitan el contacto directo con el enfermo sin más aspiraciones, le basta que le dé para vivir y que le guste el país. Para él “ir por libre” significa aprender, entender, preguntar, investigar, movilizarse o llevar niños a operarse a Barcelona.

Jaime es actualmente un experto en tuberculosis y dice que es una enfermedad de pobres que tienen problemas para el acceso a una medicación adecuada. Hace un seguimiento de estos enfermos. No se acostumbra a aceptar que el sufrimiento o la miseria no tengan remedio. Su máxima es evitar paralizarse por el sentimiento, pero, a veces, cuando llega al límite se chilla a sí mismo: '¡No llores, hagamos algo!'.


Hoy lleva África en los ojos. Dice que la tuberculosis y el sida no se curarán si no lo hacen juntas y esto, según afirma, en África no sucederá hasta que no se arregle el problema de la mujer, su independencia económica. “Para ello hay que educar al hombre".


Cada segundo se infecta de tuberculosis alguien en el mundo.
"El dinero no lava la conciencia"

jueves, 14 de mayo de 2009

¿Un lugar para vivir?

Ya he comentado en alguna ocasión que entiendo absolutamente la atracción que África en general y esta ciudad en particular genera a muchos occidentales que han habitado por estas latitudes.

¿Qué hay aquí que provoca dicha atracción?

La respuesta es simple: absolutamente nada. Aquí solamente se puede encontrar desierto, desolación, un clima muy poco adecuado para la vida humana… no hay recursos, no hay agua, no hay nada. Ya lo decía “El testamento del chacal”, D´Jibouti no es lugar para los hombres…

Sin embargo, durante algún paseo nocturno por el espigón, bajo el cielo estrellado, en ese momento donde medito cuestiones más o menos trascendentes pienso:

... si no tuviera responsabilidades familiares, si no hubiera tenido hijos, si no quisiese compartir mi vida con una persona con lazos en España, si mi sentimiento solidario con los menos favorecidos fuese más fuerte, menos teórico, si tuviese los ingresos mínimos vitales garantizados, si supiera hablar francés … ¡demasiados condicionales para mi persona!

Tranquilizo a mis conocidos, amigos y seres queridos: no voy a ser yo el que me quede a vivir en D´jibouti.

Sin embargo, conozco a alguien que cumple todos y cada uno de esos requisitos. Esos, y alguno otro como el de tener un sentimiento religioso profundo, un conocimiento profundo sobre las relaciones entre las personas, una probada capacidad de sacrificio, una predisposición innata para ayudar a los demás y sobre todo un corazón inmenso que necesita regalar amor.

Con esas características humanas y con lo que las gentes de esta zona necesitan ese tipo de personas que ayuden de forma desinteresada, no sería de extrañar que esa persona en quien estoy pensando pudiese encontrar, al menos temporalmente, calorcito para su alma.


Te avisé que te dedicaría un post... no te lo pienses más, ¡vente Muck!

lunes, 13 de abril de 2009

Balbalah

La palabra árabe "balbalah" significa desorden, desconcierto. En D´Jibouti, Balbalah es el nombre de un suburbio chabolista donde habitan hacinadas más de doscientas mil personas. La gente vive en infraviviendas de chapa metálica y lona. No tienen acceso a agua potable ni a electricidad. Desde su nacimiento la población lucha día a día para sobrevivir.

Visito su hospital, un pequeño centro regentado por Carlo y Miriam, un matrimonio de médicos italianos que me han enseñado orgullosos las instalaciones donde trabajan desde hace años. Ella pediatra, él, cirujano. Además hay algún otro médico de la zona. Las instalaciones, en planta baja, son modestas. Atienden partos, tienen consultas de pediatría, traumatología, infecciosos y cuentan con un quirófano y una unidad de primeros auxilios. La actividad es constante, la sala de espera está llena de pacientes que esperan ser atendidos.

Miriam, sin perder la sonrisa nos indica las tristes estadísticas de la zona: la tasa de desnutrición aguda supera el veinte por ciento, (casi un diez por ciento de ellos severamente desnutrida). La media de nacimientos es de seis niños y medio por mujer, las tasas de mortalidad de recién nacidos y la de mortalidad infantil son espeluznantes.

“Hasta los ocho o nueve meses no suele haber problema de desnutrición porque las madres dan el pecho a sus hijos”, me explica Miriam. “El problema empieza ahí, ya que los niños, supuestamente independientes, no reciben alimentación suficiente”. Aquí, con poco, pueden evitarse muchos fallecimientos. Se vive una situación de "emergencia olvidada" que va en detrimento de la supervivencia de los niños.

La población tiene que pagar la asistencia sanitaria que recibe. Los ingresos se utilizan exclusivamente para compensar los gastos que se producen. Han hecho informes al gobierno de D´jibouti solicitando financiación para dotarse de mejores medios. La respuesta oficial ha sido vista como una crítica a la gestión presidencial: “si sigues hablando, je couper le cou”

Entro en diferentes salas y veo niños enfermos con sus madres en salas comunes. Algunos duermen, otros sonríen al verme. Repartimos algunos globos para los críos. Los aceptan con una tímida sonrisa. Una madre habla con Miriam. Al parecer sus gemelos de apenas seis meses, risueños, ojos inmensamente blancos y aspecto saludable, están listos para ser dados de alta. La mujer quiere llevarse sólo uno y dejar el otro para ser dado en adopción.


“La pobreza material, física degrada también la pobreza de espíritu”, me comenta Miriam. Una madre aquí intenta lo mejor para el conjunto de su prole. Las desgracias individuales son aceptadas como parte de la vida. La vida y la muerte tienen una dimensión diferente en Balbalah.