La realidad es que, cuando hago balance diariamente, minutos antes de quedar profundamente dormido, mis pensamientos se dirigen siempre hacia España, hacia los míos. Echo muchísimo de menos a Carmen y a los niños, al resto de mis familiares y amigos.
Estar presentes en decisiones tan importantes en nuestras vidas como la adquisición de una vivienda, orientar y aconsejar a la persona con quien quiero vivir en la decisión sobre qué tipo de casa es mejor o peor, la negociación del precio, los trámites bancarios y la elección de la fórmula de pago no es algo fácilmente compensable con cualquier otra experiencia que puedas adquirir en tu vida.
Ayudar a las personas que más quiero y aprecio en los momentos de bajón emocional, de necesidad de contacto físico, de apoyo moral, de ayuda material… no es fácil aceptar que tu mejor amigo se está separando, y aunque el Chino con su gran corazón, el Raja con su comprensión y ternura o el Bubi con su sentido práctico de la vida habrán hecho lo que sea posible, yo no he estado allí para prestar mi hombro, mi ayuda, mi ánimo, mi cariño, mi amistad.
Echar una mano a mis hijos en momentos de exámenes finales, aunque sólo sea estar encima de ellos, ayudarles y apoyarles moralmente… controlar en la medida de las posibilidades de un padre sus salidas nocturnas, sus fiestas, sus compañías… valorar su grado de responsabilidad en el día a día… orientar, echar una mano y si llega el caso influir sobre la decisión de qué carrera estudiar, qué otras posibilidades existen, qué es lo que a mí me parece más conveniente para la vida de los chavales, en un momento tan importante en su vida… eso es lo que debería estar haciendo ahora y no puedo. Espero, fervientemente, que no tenga que lamentar mi ausencia en un momento tan delicado.
Echo de menos no contactar con mis hijos cada día, no poder jugar con Luis o Nacho, no poder hacerles cosquillas. Me falta el contacto físico, me encantaría poder abrazar a mi hermana, charlar con Jose, me apetece muchísimo ver a mi abuela, besar a mis sobrinos, animar a Mari Carmen en su lucha diaria, bromear con Mariano sobre el Madrid, achuchar a Nuria, abrazar a Carmen.
Para mí la distancia no es el olvido sino todo lo contrario, es hacer patente la necesidad que mis seres queridos tienen de relacionarse conmigo, y por supuesto la que tengo yo de estar en contacto cotidiano con ellos.
Hoy es un día especial, nueve de mayo de dos mil nueve. Es uno de esos momentos únicos en la vida en el que mi “chiquitín”, Nachete, celebra su Primera Comunión. Explicarle al chiquillo que no existe posibilidad de acudir en un tiempo razonable es complicado… él sabe que estoy lejos, pero…
... ¿tan lejos como para no poder ir, aunque sea un ratito?
De la misma manera que hace un año, Luis hizo su Comunión y sentía a su papá junto a él, espero que Nacho hoy sienta que "su papito" está a su lado, aunque no pueda verme, estaré con él.

