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lunes, 8 de junio de 2009

Niños

En D´Jibouti hay un sinfín de problemas relacionados con los niños, unidos a una completa ausencia de garantías y grandes lagunas jurídicas.

Como consecuencia de los conflictos regionales de los países vecinos, se origina la llegada de un número desproporcionado de refugiados que se encuentran en un limbo jurídico, (no son ni asilados ni apátridas), cuya situación irregular normalmente acaban pagando los más débiles: los niños refugiados, acompañados y no acompañados, hacinados en los campos de refugiados, quienes carecen de los servicios de salud y educación mas imprescindibles.

El Gobierno, no tiene ninguna estrategia global para hacer frente a la desatención de los refugiados, ni mucho menos al cuidado de los niños. Recientemente ha aprobado un Código de la Familia que establece la estricta prohibición de la adopción. La preocupación de las autoridades se centra en que en la práctica, las adopciones internacionales se dedican al envío de niños fuera del país sin garantizar el respeto a los procedimientos establecidos en las adopciones ni el impacto psicológico que pueden sufrir los propios niños, utilizando los fondos obtenidos para su autofinanciación y sostenimiento.

Las instituciones internacionales observan con preocupación el elevado número de huérfanos y niños vulnerables que necesitan una atención especial y ha instado a las Autoridades de D´jibouti a que velen por la educación de los más desfavorecidos en el propio seno de sus familias y las comunidades de origen o, como último recurso, en centros de cuidados alternativos.

Los niños, además de carecer de educación y acceso a la sanidad, están expuestos a toda clase de despropósitos: los niños trabajan. Aunque la legislación prohíbe el trabajo a los menores de dieciséis años, es frecuente ver jóvenes vendiendo khat, trabajando en restaurantes y pequeños negocios, limpiando zapatos, haciendo de “gorrillas” vigilando coches, trabajando como servicio doméstico. Los niños se ven envueltos en ocasiones en casos de abusos de menores y otros de prostitución infantil. El castigo de los autores de esos actos generalmente consiste en penas muy ligeras.

Los niños son frecuentemente maltratados sin que dichos casos sean especialmente perseguidos por la justicia yibutí. Aunque la Ley contempla la separación de los niños de sus padres, como último recurso, en los casos de abuso o negligencia, ésta tampoco es posible que pueda llevarse a la práctica debido a la ausencia de infraestructura para ello. Otras veces son abandonados. La pena por ello es la cárcel o una multa sustitutiva.

La educación es obligatoria, pero hay que pagar por ella, lo cual equivale a que la obligatoriedad no deja de ser una quimera. Tampoco parece muy recomendable el impacto sobre los menores de la continua práctica de la poligamia de sus progenitores.



De esta manera, nos encontramos que muchos de los niños que viven en orfanatos no son realmente huérfanos, sino que viven en dichos establecimientos como mal menor de los pequeños. Además, como el Gobierno prohíbe su adopción, cualquier camino para estos pobres desgraciados está, en la práctica, avocado al desamparo más absoluto. ¿No es dramática dicha situación?

sábado, 28 de marzo de 2009

La "marcha" en la ciudad

Ayer fui a dar una vuelta por el sórdido mundo de la noche D´Jibutiense.

Aparcamos el coche en el centro (la famosa plaza Menelik). El gorrilla sentado, auténtico esqueleto mascando khat, nos sonríe mostrando su dentadura completamente ennegrecida…

Nos adentramos en un pequeño barrio que tiene una tenue luz salpicada por algunos neones multicolores de los bares y clubes que han resistido la represión de un gobierno tras otro, y que presentan un aspecto añejo. Por la calle se nos acercan varios individuos intentando vendernos cualquier cosa, tabaco, relojes, cuchillos, baratijas. Seguimos caminando intentando no ser descorteses. Te tocan, te cogen del brazo, lo que sea para que pares y compres algo.

Entramos en uno de los bares. Es un lugar frecuentado por legionarios de las tropas francesas que “necesitan” ir de parranda con el ejército de prostitutas que invade la ciudad. Está atestado de gente. La clientela es mitad blanca y mitad negra. Los blancos (casi todos hombres) son marinos mercantes, residentes extranjeros que vienen a desahogarse al centro, pero sobre todo legionarios franceses quienes parecen encontrarse en su propia casa, bebiendo más y durante más tiempo. Apenas dos o tres francesas.

Las barras se encuentran atiborradas. Por dentro llenas de camareras, algunas guapísimas. Bebemos Smirnoff con limón, embotellado y frío evitando los hielos con agua de profilaxis dudosa. Las negras son mujeres muy jóvenes buscando su sustento. Se escucha una ruidosa música, mezcla de música de baile francés y música africana parecida al reggae. Las tropas francesas se mueven del mismo modo cualquiera que sea la música que suene. Suben y bajan, saltan, chocan entre ellos y se ríen escandalosamente. Las mujeres son más comedidas, sonríen, te escrutan con su mirada intentando averiguar si ella ha sido una de las elegidas. Si mantienes su mirada, se acercan, buscan como forma de contacto que les invites a un zumo...
... luego llegará lo demás.

En dos pantallas de televisión están transmitiendo un partido de fútbol de la liga italiana. Nadie lo mira. Alrededor, pegadas a las paredes del bar, las prostitutas están en línea, mirando con sus grandes ojos quién puedes ser su próximo cliente.

Las luces de neón psicodélicas y la extinta bola multiespejos iluminada desde algún sitio, proyectan luces de otra época.

Un grupo de chicas pasa junto a nosotros. En la masa, noto como alguien me toca el trasero, también me palpan el paquete. No sé quien ni como. Si quieres sexo, sólo tienes que mostrar el más mínimo interés. Uno de mis colegas comenta: “Ya sé cómo se siente Antonio Banderas, te acosan mujeres preciosas y tú rechazas un ofrecimiento explícito de sexo”. La diferencia es que el paga mucho más de lo que aquí paga cualquier legionario.

Las chicas se acercan, intentan hablar con nosotros, en francés, en inglés, en lo que sea, y si no, el lenguaje universal del flirteo llevado a su expresión más evidente.

Hay chicas con muchos hombres, unas bailan, otras se están besando. ¡Será cerdo aquel viejo de vientre hinchado, sucio y sin afeitar con aspecto de alemán que casi podría ser el abuelo de aquella chavala! Algunos hacen planes para el resto de la noche.

Más que suficiente. Volvemos a casa. Mañana hay que trabajar.