Mostrando entradas con la etiqueta poblacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poblacion. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de junio de 2009

¿Qué es D´jibouti?

D´jibouti es un rincón olvidado del mundo, abandonado a su suerte, utilizado por su interés geoestratégico por los poderosos del planeta y perdido de la mano de Dios.

Existen dos D´jiboutis. En la ciudad, la modernidad se mezcla con un mundo ancestral que uno puede imaginar cuando recuerda las historias de Simbad el Marino. El centro de la capital, en donde por la noche se oye el rumor de los bares y los clubes nocturnos, merece la pena pasearse y explorar, aunque uno no sea muy de “ir a garitos” y observarlo todo atentamente.

Dos mundos conviven en paralelo sin mezclarse jamás. El de los occidentales, que gira en torno al Kempinski, al club náutico, la embajada, el hotel Sheraton, los jardines de Ambouli, las playas de Doraléh, la llanura de Serpent. Es el D´Jibouti de las bases militares francesas cuyas autoridades se pasean encerradas aún en sus nostalgias colonialistas. En las terrazas de los cafés, bajo el ronroneo de los ventiladores, se habla de expediciones en cuatro por cuatro y de encallamientos, de pesca de grandes peces y de hermosas etíopes...

El mundo indígena, por su parte, se encuentra estructurado en torno al gran mercado, el Magalla, a la puerta del Harar (plaza Rimbaud), que se despereza por la mañana a los pies de la mezquita y donde las mujeres charlan delante de sus puestos de azafrán y pimienta. Alrededor, en particular en la rue des Mouches, al final de la rue Etiopía, los tenderetes de comerciantes yemeníes, del tamaño de cajas de cerillas, amontonan tejidos de la India, huevos de avestruz, mariscos del Mar Rojo, mandíbulas de tiburón, luces etíopes, cintas de video y aparatos de aire acondicionado.

Cuando cae la tarde, las familias se reúnen en campamentos de chozas redondas llamadas “tukuls”. Si eres un poco “echao pa´lante”o si alguien te presenta, puedes gozar de su hospitalidad y ser invitados a compartir un café etíope, incluso algunos alimentos bajo la tienda.



En la ciudad, desde el inicio de la tarde, las gentes abandonan sus escasas actividades para reunirse en las casas; allí, tumbados sobre alfombras y cojines, mastican durante horas enteras khat, esa planta euforizante que constituye una verdadera plaga social. ¡Los D´Jiboutianos consumen, legalmente, cerca de quince toneladas por año!

Aunque la población es relativamente tolerante, observo y respeto, como haría en cualquier otro país musulmán, con toda la corrección de la que soy capaz, tanto el vestir como el comportamiento y respeto a sus tradiciones.

Tienen que pasar muchos, muchos, ¡muchos! años para que este trozo de tierra desértica e inhóspita, pueda alcanzar los estándares de un país civilizado. Me refiero a los civilizados musulmanes, por supuesto.

sábado, 6 de junio de 2009

Compromiso

Hay dos tipos de personas en este planeta; las que, con independencia de su religión y creencias, nacionalidad, origen y estatus social se encuentran comprometidas con sus semejantes, cuidan el medio ambiente y sufren con las guerras, el hambre y las desigualdades sociales. Y otras que son egoístas, piensan constantemente en el dinero, en lujos y miran para otro lado cuando oyen informes sobre las desgracias ajenas y carecen del mínimo escrúpulo social.

Mi estancia en este país, la comprobación del sufrimiento, ver el hambre en el rostro de las personas, la desigualdad, la miseria, la carestía de lo imprescindible y la comprobación in situ de la muerte de miles de personas por ausencia de alimentos me han clarificado mi escala de valores.

¿Cómo es posible que en España suframos por nimiedades cuando muchísimos niños mueren cada año como consecuencia de enfermedades fácilmente prevenibles o tratables, como diarrea o neumonía … ?, ¿qué importancia tiene casi nada de lo que me ocurre en España si lo comparamos con la ausencia de cuidados sanitarios en D´jibouti?, ¿en qué estoy pensando cuando me enfado porque tengo que esperar algunos días en España para que me den una cita médica, mientras que un niño nacido en África Subsahariana hoy tiene veintisiete posibilidades más de riesgo de morir antes de los cinco años que un niño nacido en un país industrializado?, ¿por qué me preocupo por el futuro de mis hijos ante un mal resultado académico si ellos tienen garantizado el estado del bienestar con alimento y hospitales, mientras que aquí la inmensa mayoría de niños y niñas no reciben atención médica básica?

España ocupa según el informe “Índice de madres 2007” el noveno puesto entre los diez mejores países para ser madre; D´jibouti ocupa el ciento treinta y uno (o sea el noveno por la cola)… ¿no es una casualidad terrible? Realmente es una terrible coincidencia que, obviamente, remueve mi conciencia.

Y qué decir de la educación… yo soy de los que me disgusto muchísimo ante un mal resultado académico y me preocupa mucho el futuro de mis hijos. En D´jibouti, educación es vida: Una de las maneras más efectivas para disminuir el riesgo de muerte de las madres y sus hijos es asegurar que las niñas vayan a la escuela. Cuanto más tiempo pasan en el colegio, más tarde se casan y se convierten en madres. Las niñas con educación tienen más posibilidades de madurar para ser madres y gozar de salud, nutrición, poder económico y conocimientos sobre cómo cuidar de sí mismas y de sus hijos.

¿De qué están hechos nuestros políticos? ¿Cómo no mostrar un mayor grado de solidaridad con países como éste? El cero con siete es un invento occidental para lavar nuestras conciencias, y ni siquiera nos acercamos a dicho objetivo.



En D´Jibouti, los niños y niñas más pobres son los más excluidos y los que tienen mayor riesgo de morir. Es así de triste, ¿cómo permanecer impasible ante semejante realidad?

viernes, 5 de junio de 2009

Viernes de playa

El viernes es el día de fiesta de los musulmanes. No hay trabajo (en este caso oficialmente para nadie, ni siquiera en el puerto), no hay escuelas, el mercado está cerrado, no abren bancos ni ningún comercio, todo el mundo se concentra a las doce en las mezquitas, los franceses se van de excursiones, no hay un solo vehículo por las calles, hace un calor extremo (como siempre), no encontramos ni siquiera a nuestros “locos oficiales”, ellos también deben tener su día de descanso, no hay absolutamente nada que hacer salvo combatir el calor y pasar el día de la forma más llevadera posible: o sea, ¡todo el mundo a la playa!

Nosotros no notamos la diferencia, salvo en los trayectos de subida y bajada a la base. Volamos igual, ya que los piratas no hacen festivos. Sin embargo, cuando pasamos al lado de la playa, el aspecto de la misma es impresionante.

Ciertamente no es Benidorm, Cullera, la playa de San Juan ni ninguna otra playa española que nos pueda servir de referencia…




Familias enteras, con seis u ocho chavales de media, aparecen por pequeñas bocacalles inexploradas por nosotros, procedentes de sus chabolas con cara de felicidad y ganas de pasarlo bien. Es una auténtica procesión. La carretera se encuentra plagada de gente. Van medio desnudos, con pantalones cortos, sin camisetas, en chanclas (en eso no hay diferencia respecto a otros días ya que cada cual dispone de un solo calzado), otros descalzos, alguno lleva un balón, otros una rueda de coche inflada… las mujeres llevan sus velos, otras van con camisetas y ropa ligera y generalmente caminan cargadas con agua.


La playa está abarrotada, no hay tumbonas, no hay más de dos o tres sombrillas en toda la playa, no hay toallas, no hay bañadores ni biquinis, no hay cremas. La mayor parte de los bañistas pasan el día entero en el agua. Las mujeres que se bañan lo hacen con camisetas y pantalones, muchos chavales también conservan sus ropas mientras se dan el interminable chapuzón. No hay absolutamente nada de oleaje, no se mueve la más mínima brisa, la orilla del mar parece una piscina, se ven más “cabecitas a remojo” que agua propiamente dicha.

Las escasas sombras de alguna palmera están completamente atiborradas. Alguno construye una choza para protegerse del sol con ramas y bolsas de plástico. Da igual, bajo el sol se puede soportar diez o doce horas si permaneces a remojo. Los chavales juegan al fútbol en improvisados campos polvorientos. En la playa, una rueda de vehículo hace de cama elástica para ensayar saltos con increíbles cabriolas. Algunos de pelean, todos ríen. Hay muchísima gente en cuclillas en círculos familiares.




Cuando se hace de noche la gente comienza a recogerse, la carretera se encuentra mojada de la gran cantidad de personas que se han aseado tras el día playero como buenamente han podido con agua de mar recogida en botellas de plástico. La playa está absolutamente llena de desperdicios, papeles, bolsas y todo aquello que ha perdido completamente su utilidad.

Esta noche, un pelotón de limpieza (al que nosotros llamamos “pelotón de castigo”) recogerá toda la porquería y barrerá la carretera para que mañana sábado presente un aspecto aceptable.

lunes, 25 de mayo de 2009

FGM

Se trata de un acrónimo con un significado vejatorio, ancestral discriminatorio y horrible desde cualquier punto de vista occidental, pero también desde cualquier punto de vista humano. Significa por sus iniciales en inglés “Mutilación Genital Femenina” y es una práctica arraigada aún en la sociedad yibutí.

Las niñas, especialmente aquellas que son criadas en las zonas rurales, son sometidas a la ablación. La mutilación de las niñas consiste en retirarles el clítoris, aunque, según me comentó Jaime, en D´jibouti y en Somalia, también se les cortan los labios de la vulva. Las operaciones se realizan sin las mínimas condiciones higiénicas, con cuchillas u otros instrumentos cortantes sin esterilizar, sin ningún tipo de anestesia o sólo con pastillas para paliar el dolor.


Más del 95% de las mujeres originarias de países como Somalia, Egipto y D´jibouti han sufrido esta mutilación en alguna de sus diferentes formas”. A veces incluso sucede que aquellas que han emigrado a países occidentales, son sometidas a la operación cuando regresan durante las vacaciones a este país. La legislación francesa recoge que el riesgo de ser sometida a una ablación es reconocido como motivo de asilo. En marzo, un tribunal francés subrayó que en caso de mutilación genital deben ser reconocidos como refugiados la niña y los padres.

Dicha práctica está muy extendida en numerosos países africanos y asiáticos. En este, continúa siendo un serio problema aunque existe alguna Organización No Gubernamental que clama para abolir semejante bárbara tradición. Incluso la “Primera Dama” ha efectuado gestos que conduzcan a la población a desterrar una costumbre que no tiene que ver con la religión, sino con una costumbre ancestral que mutila a la mujer por el mero hecho de su condición. En la mayoría de los casos, esta práctica se basa en tradiciones profundas o creencias culturales: se cree que de esta forma las mujeres se mantendrán vírgenes hasta su matrimonio, y se evitaran comportamientos inmorales. La razón real es el control de la sexualidad de la población femenina.

Otro grupo de “afortunadas” que es posible observar por el contraste que representan son aquellas jóvenes yibutíes que han contraído matrimonio con franceses “de cierta edad” que han decidido gastar su jubilación viviendo como ricos en estas tierras. Algunas de ellas, por su nueva condición de ciudadanas francesas, han viajado a Europa para hacerse reconstruir su fisonomía, en una operación que costea la Seguridad Social francesa, y han tenido la recompensa de sentir por primera vez en la relación sexual con sus experimentados maridos algo que no habían sentido antes.




¡Ninguna tradición o costumbre cultural puede justificar una operación que lastime el derecho fundamental de las mujeres, sean éstas de donde sean!

martes, 19 de mayo de 2009

Agradecimiento

Adjunto la carta de agradecimiento recibida del Hospital de Balalah para conocimiento de todos los que han contribuído con la ayuda que habéis conseguido enviarnos:

A la atención del Tte. coronel José Nieto Guerrero,
Jefe del Destacamento Orión

Djibuti, 16 Mayo 2009

Estimado José:
La llegada a Djibuti de vuestro destacamento, así como la del
"pionero" Úrsulo, nos ha llenado de alegría, y sobre todo en el
Hospital de Balbala y a los niños allí internados en la sala de
Pediatría y a sus madres.

Benjamín, Víctor, Manuel, Gabi, Nacho, Hernández (y no sé si me dejo alguno más), vuestro entusiasmo por ayudarnos ha llegado a vuestras familias y lugares de origen y el impacto lo sentimos nosotros. Nos habéis dicho que vuestros aviónes están colapsados con material de ayuda:¡nunca habíamos te nido una respuesta tan entusiasta!

Nos ha gustado conoceros y saber que tenemos “lo mejor” en el escuadrón español de Djibuti.

Con nuestro profundo agradecimiento recibid un gran abrazo,

Dr Madian,
Director del Hospital de Balbala

Miriam Martinelli,
Encargadad el Programa de Nutrición

Teresa Equisuany y María José,
Voluntarias del Programa de Estimulación Infantil de Balbala


No hay mejor recompensa que la gratitud de los necesitados. Gracias a todos.

sábado, 16 de mayo de 2009

Vida de un yibutí

Reproduzco hoy la carta de un yibutí dirigida a todo aquel que quiera conocer en primera persona cómo es la vida de una persona en este país. El relato de su vida no es excepcional, es la narración humana y sencilla de la vida en D´jibouti.

Buenos días,

Me llamo Ibrahim Chehem Ibrahim; nací en Yibuti el 17 de mayo de 1977. Viví con mis padres en la sabana Mi madre murió en 1987 y mi padre en 1995.
He asistido a clase desde los siete años; he seguido con regularidad mis estudios hasta la muerte de mi padre.


Al ser el mayor, suspendí mis estudios para cuidar de mis hermanos pequeños. Todas las responsabilidades de las que me he dado cuenta al convertirme en el padre a cargo de una familia, me han hecho tomar conciencia de las dificultades para atender las necesidades de todos. He ido a D´jibouti capital para trabajar, pero me he dado cuenta de los problemas del paro. Encontrar trabajo es muy duro.

Al morir mi padre me dejó algunas cabras y unas vacas. Insuficiente para toda la familia. He tenido que vender una parte para pagar los estudios de mis hermanos y comprar lo necesario para comer.

Durante varios años luché en la sabana para resolver sus necesidades. A continuación me casé; tuve seis hijos y los problemas se incrementaron. En consecuencia volví a D´Jibuti capital para encontrar trabajo. Así pues, dejé mis cabras a mi hermano, que a su vez se casó y tiene tres hijos. Esta vez tuve suerte porque encontré trabajo de vigilante en una escuela L.E.C. (Lire, Écrire, Compter; nombre que reciben las escuelas de Primaria) de Boulaos, con las Hermanas de la Presentación de María en el Templo. Al cabo de dos años, terminado el contrato, las hermanas me enviaron a Caritas, donde necesitaban un vigilante.

En Caritas conocí a una señora que impartía clases gratuitas de informática. He seguido sus clases y dice que estoy dotado para ello. Terminada su estancia en D´jibouti, esta señora saldrá pronto para Francia. Desde este momento ya no tengo profesor y si quiero continuar en setiembre tendré que matricularme en el centro de l´Alliance, aprender inglés además de informática, y eso pagando; por si fuera poco al ser los cursos durante el día, tendré que encontrar un trabajo de vigilante por la noche para atender a las necesidades de toda la familia. Como no tengo medios, espero ayuda para obtener mi diploma. Con mi diploma podré obtener un puesto de secretario y ganar dinero para atender a las necesidades de mis hijos y sobre todo ofrecer a mi hija sordomuda una escuela apropiada para ella. Eso me permitiría escolarizar también a mis hijos y nacionalizarlos.

Ahora intento construir una casa para que mi mujer y mis hijos tengan un lugar para vivir confortablemente. Tengo la suerte de tener al P. Francisco que me ayuda en mi trabajo que hago el viernes, día de mi descanso.

D´jbouti es un país dividido por cuatro lenguas oficiales: afar, issa, francés y árabe con religiones diferentes: musulmana, católica, protestante y ortodoxa. Para vivir en perfecta armonía, debemos mostrar tolerancia, aceptar las diferencias de cada cual y respetar las ideas de las personas y la religión de cada uno. Eso no es fácil porque a veces debido al khat, los tumultos aparecen en cada esquina.

Las normas de nuestro país son bastante cambiantes según las personas. En consecuencia la gente hace lo que le viene en gana y por ello, encontrar trabajo no resulta fácil si uno no está recomendado por alguien mucho más importante.

No conozco nada de su país, pero por Internet he aprendido que ustedes son un país muy desarrollado. No se habla de los pobres; porque sin duda, han encontrado soluciones para aliviar sus necesidades. No puedo hablar de la gente de su país porque no lo conozco. Conozco a italianos, franceses, árabes, yemeníes, etíopes, somalíes y afars.

- Los afars: Son muy acogedores y solidarios. Son minoría en D´jibouti.
- Los etíopes: Muchos son pobres que no tienen nada y que duermen en las calles. Fuman mucho, y se emborrachan a causa de esta pobreza, y se vuelven agresivos.
- Los franceses: Muchos de ellos piensan que son los propietarios de D´jibouti. Actúan sin tolerancia y sin generosidad. Sin embargo hay algunos que son muy generosos para compensar a la gran mayoría.
- Los árabes: Muchos son comerciantes, son muy amables y trabajan mucho por los musulmanes y las escuelas coránicas. Es una clase acomodada.
- Los somalíes: son muy belicosos, se refugian fácilmente en D´jibouti a causa de la guerra en su país, son pobres.
- Los yemeníes: Son los árabes de Yibuti.
- Los italianos: Ayudan enormemente a los pobres, con frecuencia por medio de congregaciones religiosas. Son muy amables.

Me gustaría que ustedes se interesaran por mi vida y me ayudaran, del mismo modo que ayudan a sus pobres, a fin de que mis hijos puedan vivir mejor que yo.

Europa envía ayudas cuyo resultado no se ve. ¿Por qué no venir para darse cuenta de nuestras necesidades y hacer de tal modo que podamos realmente salir adelante? Sabemos que hay ayudas que han llegado pero no las vemos. Les reprochamos el dar demasiado dinero a los ricos y nada a los verdaderamente pobres.

Les aconsejo que no den dinero al Estado sino que hagan de tal modo que el Estado pague nuestras facturas escolares, de sanidad y de alimentación, no en dinero sino directamente. Ejemplo: Si no tengo qué comer voy contigo a hacer las compras, tú pagas pero no das dinero; si necesito material de clase, tú compras; y si tengo que matricular en la escuela, tú inscribes y tú pagas.

Le aconsejo que vengan y tomen conciencia de la verdadera pobreza y de las verdaderas necesidades de la gente de la calle, en D´jibouti, pero sobre todo en los alrededores porque entre la gente que pide dinero los hay muy ricos a quienes les gusta pedir.
Espero pronto sus noticias.
Hasta la vista.

Ibrahim Chehem Ibrahim
Balbalah, República de D´jibouti
(PD: Carta corregida, por las faltas, por su profesora de informática)

viernes, 15 de mayo de 2009

Enfermedades infecciosas

He tenido la fortuna de conocer y charlar con Jaime, médico español jefe de la unidad de enfermedades infecciosas en el hospital de D´jibouti. Es el marido de Teresa, quien ha improvisado el dispensario de comida junto al hospital de Balbalah.

Es barcelonés, tiene sesenta y cinco años, alto, enjuto y ágil. Su familia tenía una buena posición social, eran industriales textiles, estudió medicina y trabajó en Nueva Orleans, y luego Nueva York donde se emparejó con una modelo española, mujer de moda a quien se disputaban los saraos del Estudio 54 y las fiestas VIP. Cuenta de aquella época que Andy Warhol, Liz Taylor o Liza Minelli ignoraban que aquel doctor “tan simpático” había pasado la tarde en Harlem con infecciosos… pobres y ricos acabarían muriendo, a la vez, de un mal entonces ignorado: el sida, la mitad también con tuberculosis.

"Entre los 12 primeros enfermos de sida, en 1978, dos eran míos: uno era un cocinero del hotel Plaza que había estado en Haití y el otro, un drogadicto"…se plantó en Haití y vio la mayor miseria de su vida y se quedó cuatro años. Luego estuvo en Uganda donde cuenta que comenzó contando muertos. Inició un hospital en Sudán, donde convivió con el virus ébola.

Jaime ha ido siempre “por libre”. Busca trabajos que le permitan el contacto directo con el enfermo sin más aspiraciones, le basta que le dé para vivir y que le guste el país. Para él “ir por libre” significa aprender, entender, preguntar, investigar, movilizarse o llevar niños a operarse a Barcelona.

Jaime es actualmente un experto en tuberculosis y dice que es una enfermedad de pobres que tienen problemas para el acceso a una medicación adecuada. Hace un seguimiento de estos enfermos. No se acostumbra a aceptar que el sufrimiento o la miseria no tengan remedio. Su máxima es evitar paralizarse por el sentimiento, pero, a veces, cuando llega al límite se chilla a sí mismo: '¡No llores, hagamos algo!'.


Hoy lleva África en los ojos. Dice que la tuberculosis y el sida no se curarán si no lo hacen juntas y esto, según afirma, en África no sucederá hasta que no se arregle el problema de la mujer, su independencia económica. “Para ello hay que educar al hombre".


Cada segundo se infecta de tuberculosis alguien en el mundo.
"El dinero no lava la conciencia"

jueves, 14 de mayo de 2009

¿Un lugar para vivir?

Ya he comentado en alguna ocasión que entiendo absolutamente la atracción que África en general y esta ciudad en particular genera a muchos occidentales que han habitado por estas latitudes.

¿Qué hay aquí que provoca dicha atracción?

La respuesta es simple: absolutamente nada. Aquí solamente se puede encontrar desierto, desolación, un clima muy poco adecuado para la vida humana… no hay recursos, no hay agua, no hay nada. Ya lo decía “El testamento del chacal”, D´Jibouti no es lugar para los hombres…

Sin embargo, durante algún paseo nocturno por el espigón, bajo el cielo estrellado, en ese momento donde medito cuestiones más o menos trascendentes pienso:

... si no tuviera responsabilidades familiares, si no hubiera tenido hijos, si no quisiese compartir mi vida con una persona con lazos en España, si mi sentimiento solidario con los menos favorecidos fuese más fuerte, menos teórico, si tuviese los ingresos mínimos vitales garantizados, si supiera hablar francés … ¡demasiados condicionales para mi persona!

Tranquilizo a mis conocidos, amigos y seres queridos: no voy a ser yo el que me quede a vivir en D´jibouti.

Sin embargo, conozco a alguien que cumple todos y cada uno de esos requisitos. Esos, y alguno otro como el de tener un sentimiento religioso profundo, un conocimiento profundo sobre las relaciones entre las personas, una probada capacidad de sacrificio, una predisposición innata para ayudar a los demás y sobre todo un corazón inmenso que necesita regalar amor.

Con esas características humanas y con lo que las gentes de esta zona necesitan ese tipo de personas que ayuden de forma desinteresada, no sería de extrañar que esa persona en quien estoy pensando pudiese encontrar, al menos temporalmente, calorcito para su alma.


Te avisé que te dedicaría un post... no te lo pienses más, ¡vente Muck!

martes, 12 de mayo de 2009

Los locos oficiales

En nuestra rutina diaria, hay una serie de costumbres, actividades periódicas e individuos que nos llama poderosamente la atención. Conocemos sus caras, sus actividades y sus horarios. Ellos, seguro, conocen las nuestras. Merecen mención especial dos de ellos.


El “loco de la esquina”


Es un hombre de mediana edad, tez morena, bigote y pelo desarreglado. Viste una camisa a rayas y un pantalón corto bastante andrajoso y completamente cubierto de mugre. Sus sandalias debieron estrenarse cuando el pie paró de crecerle. Lleva siempre una bolsa de plástico marca “Kadack” con el logo de la famosa casa fotográfica, donde guarda una botella de agua y algún otro objeto personal.

Pasa todo el día sentado y en cuclillas en un cruce, guarecido a la sombra que proporciona un pequeño cartel de carretera. No hace nada. En alguna ocasión le hemos vista levantarse y encararse con los pasajeros de algún vehículo, perseguirle no más de cinco o diez metros escupiéndole y profiriendo insultos contra sus ocupantes.


Cada vez que pasamos por ese cruce nos mira, también nos conoce, como si fuese un espía. Sabe perfectamente cuándo vamos, cuándo venimos y sospecho que también conoce nuestra actividad y el motivo de nuestra presencia en esta ciudad.


El “loco del palito”.

Éste tipo es realmente singular. Su radio de acción son doscientos metros, pero pasa prácticamente todo el día sentado a la sombra de una palmera, al borde de una calle transitada de forma casi exclusiva por vehículos.

Es negro zaino, una capa de polvo cubre su piel. No ha visto una ducha en su vida. Tiene el cabello rizado. La suciedad impide saber si se trata de rastas o tirabuzones. Su indumentaria es siempre la misma: pantalón corto y sandalias. Le hemos visto haciendo sus necesidades sin ningún pudor en mitad de la vía pública. Está bien alimentado, tiene incluso algo de “barriga”. ¿cuándo come, de dónde proceden los alimentos que consume? … es un enigma. Es consumidor habitual de khat.

Su tara característica y principal, casi única actividad es golpear suave y reiteradamente el suelo entre sus piernas entrecruzadas con el extremo de la rama de árbol de unos cuarenta centímetros. Tac, tac , tac , tac, tac … la cadencia del golpeo es constante, frenética, ininterrumpida. Su vista está perdida al frente. Sin embargo a veces su mirada perdida nos encuentra, nos ve, nos conoce, en alguna ocasión incluso nos saluda al pasar, con su mano libre, sin cesar el repiqueteo provocado por el palito.

El consumo permanente de khat agravado por el calor y el sol permanente sobre sus cabezas les ha reblandecido el cerebro provocándoles su estado, su enfermedad mental. ¿…o tal vez ha sido al revés? En cualquier caso, para nosotros son los “locos oficiales”.



(Los de las fotos no son ninguno de nuestros locos oficiales, de ellos, por un cierto pudor y sentido de respeto a su imagen, no he tomado ninguna fotografía)

lunes, 11 de mayo de 2009

El tierno militar

Continúo pensando que la razón de mi presencia en D´Jibouti no consiste en realizar labores humanitarias.

Sin embargo, ser testigo permanente de la miseria, del hambre, de la desnutrición y la pobreza es algo a lo que no te acostumbras, y que te hace meditar. Desde España tenemos conciencia de los problemas del tercer mundo pero quizás por la lejanía nuestra moral se relaja… vamos a restaurantes caros, las basuras están repletas de sobras, la mayoría de nuestra pblación no tiene ése tipo de problemas.

Aquí, la cosa cambia... la miseria se encuentra delante de ti cada día, mirándote a los ojos. Me siento mal desperdiciando agua potable para afeitarme mientras a la salida del aeropuerto, los chiquillos se acercan a nuestro coche con la ilusión de obtener una botella. No es fácil ver nuestro plato lleno de comida mientras que los cuerpos delgadísimos de los yibutíes descansan bajo una sombra en el exterior. Me preocupo por tomarme la pastilla antipalúdica diaria o por las condiciones higiénico-sanitarias donde me vacuno de la fiebre amarilla, conociendo que en este país menos del treinta por ciento de los niños menores de cinco años que sufren desnutrición aguda reciben un tratamiento adecuado. Me preocupan los exámenes de mis hijos mientras que aquí muchos niños, y en particular niñas, abandonan la escuela y se ven privados de su derecho a la educación porque están ocupados buscando agua.

¿cómo no sentir nada?, ¿qué tipo de venda hay que ponerse?, ¿es posible permanecer de brazos cruzados?
El otro día leí en Internet:

El tierno militar
“Hace unos días, pocas horas antes de su regreso a casa, y “sin que nadie lo supiese”, seis militares españoles de la misión de la Unión Europea en Somalia “sacrificaron parte de su tiempo libre y de su dinero para visitar uno de los colegios más pobres de Yibuti”. En su paseo por las aulas repartieron “chucherías, gominolas, galletas y juegos que habían comprado en las tiendas de la ciudad”. Al irse, los escolares colocaron la bandera española en la pizarra y despidieron a los edulcorados soldados con gritos de: ¡España!, ¡España!”


Es comprensible y aceptable ¿no?, o ¿tal vez estamos lavando nuestra mala conciencia?

(La foto es mi peqeño homenaje a Úrsulo, una de las personas que mejor ha entendido a la gente de este país y que ha calado más profundamente en el corazón de cientos de yibutíes)

martes, 5 de mayo de 2009

Los Masai Mara

Sin duda, la vivencia más curiosa e interesante de las que he disfrutado en Mombasa ha sido mi encuentro y charla con los Masai.

Poco antes de comer veo un grupo de “morenos” vestidos con sus atuendos típicos. Paso por delante de ellos, me saludan. Sin pensármelo dos veces me acerco a ellos, y les pregunto quiénes son. Me reciben de forma muy acogedora.

Físicamente presentan un aspecto muy delgado, son altísimos, fuertes, parecen ágiles, llevan agujeros en las orejas del tamaño de un euro. La mayoría son muy guapetones, tienen el cabello con muchas trenzas untadas con grasa o barro en un tono rojizo. Su indumentaria es también roja, y llevan una gran cantidad de collares, brazaletes, pendientes y anillos de bronce. Me muestran sus lanzas, escudos, collares y avalorios.

Recuerdo un documental sobre ellos en el que se contaba como los niños se conviertían en guerreros despues de superar una serie de pruebas de iniciacion. Primero, celebraban una ceremonia de iniciacion, luego eran mantenidos y alimentados por la madre, se les llevaba prostitutas y posteriormente se les entrgaban sus armas para dar muerte a un leon, con el que cortaban la melena del leon para ensenarla como simbolo de victoria. Y ahí están, delante de mi con su una lanza de hierro, sus sables, sus largos cuchillos y su escudo. ¿estarán buscando el leon?

Les hago un interrogatorio: ¿dónde viven?, ¿qué hacen aquí?, ¿son guerreros?, ¿de qué viven?. Responden amablemente a todas mis preguntas en un inglés más que correcto. Me cuentan que en realidad son pastores, tienen cabras, vacas y ovejas. Me cuentan que viven en su reserva al Norte del Serengueti, viven en poblados formadas por cabañas formando un círculo construidas con troncos de arbol. En el centro, por la noche meten el ganado para protegerlo de los animales salvajes, de los leones… ¡estoy alucinando! ¿les pregunto si me están tomando el pelo? Ríen, ¡no!, es real, son auténticos.

Vienen contratados por los hoteles de la zona para hacer bailes rituales y animar a los turistas a hacer safaris.

Quieren objetos occidentales, me pretenden cambiar su lanza por mi reloj, les vale cualquier cosa, mi camiseta, una gorra, lo que sea… les bromeo ofreciéndoles mi ropa interior… se parten de risa! Me preguntan cuánto tiempo permaneceré aquí. Me proponen ir a su reserva al Sur del Valle del Rift (cercana al lago Victoria). ¡Más quisiera yo! La próxima vez que venga me pongo en contacto con vosotros y planeamos una visita pero… cómo me comunico con vosotros?...


“hakuna matata, just give me your email address”

sábado, 2 de mayo de 2009

“Jambo”

¡Karibu!, dice un letrero nada más llegar a Mombasa… “Bienvenidos”.¡Ésta es la África que esperaba encontrarme!

¡Qué bonita! la original, pobre, con gente humilde, pero en desarrollo, llena de vegetación, cocoteros, palmeras, mangos, guacamoles, helechos… verde. Plagada de animales exóticos, lagartos de colores, murciélagos gigantes, insectos, monos… playas idílicas de arenas blancas con grandes palmerales cayendo sobre el agua. La temperatura no es demasiado elevada, pero la humedad es impresionante, sudamos por todos los poros, da igual, en África, se supone que debe hacer calor ¿no?

La gente sonríe, es feliz, no muere de hambre, tienen trabajo, modesto, pero suficiente para vivir. Estudian, trabajan… están más gordos que en D´Jibouti, algunos de ellos tienen incluso barriga, ellas tienen aspecto africano, labios inmensos, tono de piel ébano, ese trasero tan característico que una blanca no puede tener jamás por más silicona que se añada, respingón, hacia arriba. Lucen preciosos vestidos de colores. Algunas parecen llevar traje de noche a plena luz del día. Otras llevan cestas en la cabeza en difícil equilibrio.

Los niños no están desnutridos, juegan, se divierten. Ríen.

Mombasa es caótica en cuanto a concepto urbanístico, el tráfico es por la izquierda, al estilo inglés. Todo el mundo habla ingles. El taxista sonríe dejando ver el inmenso agujero entre sus dos paletas delanteras, me cuenta la vida de su hijo. Tiene que trabajar mucho para pagar sus estudios. Está estudiando secundaria, pronto empezará la universidad, se siente sumamente orgulloso de él. La furgoneta que utiliza como taxi es muy vieja, tiene un techo que se levanta completamente y nos permite llevar la cabeza fuera del vehículo. El espectáculo para un neófito como yo por estas tierras es asombroso. Hay multitud de bicicletas, carril bici en las calles principales, incluso en las autopistas. La gente abarrota la carretera, las cunetas, las calles,cruzan por todas partes. “Hakuna matata” dice el taxista en suajili… o sea, “no hay problema”. Hay alegría, la ciudad late con un pulso propio, vital. Es alegre, te provoca hilaridad, bienestar, placer, risa. Se ven muchos carros tirados por personas. Uno lleva una moto, otro está cargado de fruta, otro lleva multitud de fardos de cualquier cosa. Van por el medio de la calzada.

Por la noche, cenamos en el restaurante del hotel, de tipo colonial. Precioso, vetusto, pero con un encanto especial. Estamos bajo un pequeño techo, la brisa marina permite una sensación sumamente agradable. Hay música en directo, años setenta, Elvis Presley, América, Beach Boys…una desconcertante regla de etiqueta impide cenar en pantalón corto, me proporcionan un colorido pareo que amarro en mi cintura… más risas!

Hay hamacas frente a una preciosa playa blanca. La noche es tranquila, las olas baten levemente a escasos veinte metros de donde nos encontramos. En el cielo, La Cruz del Sur. ¡Encantado de conocerte!

Entiendo el sentimiento de los viejos exploradores ingleses en estas latitudes, entiendo el enganche africano.

lunes, 20 de abril de 2009

La burocracia local

Más de un mes nos ha costado que las autoridades locales nos hagan el visado de entrada en este país. Hasta ahora teníamos uno provisional, y el que nos han concedido es por un año de duración. Será que piensan que alguno de los nuestros, debido al proceso de yibutización que están experimentando, posiblemente decida no volver a España cuando llegue el relevo. No es mi caso.

El Ministerio del Interior es un sitio curioso. Quizás sea mejor definirlo como un antro infecto, desvencijado, lleno de mugre y donde los chinches campan a sus anchas.

La calle por la que se accede a su interior es de tierra y está plagada de escribientes. Son personas sentadas en cajas o latas oxidadas, bajo un tenderete elaborado con restos de sombrillas y otros trapos varios que por un módico precio, mecanografían en sus ancestrales máquinas de escribir, los formatos necesarios para conseguir papeles al batallón de inmigrantes que cada día decide regularizar su situación en el país.
Alguno de los escribanos tiene mucho mérito, pues las máquinas (tipo oficina años
veinte en España) no tienen carro de retorno y carecen de la mitad de las teclas por lo que deben pulsar directamente sobre el hierro que algún día debió sujetar la letra correspondiente.

El acceso al recinto está protegido con una verja, pintada hace treinta años de azul, que es abierta “automáticamente” por el policía de la puerta, por el procedimiento de tirar del alambre desde la garita donde se resguarda del intenso sol de mediodía.

El edificio, rodeado de árboles, de una sola planta, es de estilo colonial y luce un cartel pintado a mano donde puede leerse en frances "Ministerio del Interior". Debió presentar un aspecto fantástico en tiempos de la dominación francesa. Hoy, se cae a cachos. La gente hace cola en oxidadas y vetustas barandillas en el exterior del edificio. Se asemejan a las barandillas que se puede encontrar en la ventanilla de una estación de tren. Las colas se forman un tanto desordenadas, aunque no tanto como en Nápoles porque aquí la gente parece no tener prisa, bajo techados de aluminio soportado por deteriorados palos de madera que hacen las veces de columnas.

Quien no cabe bajo el cobertizo, espera tranquilamente sentado bajo la sombra de los árboles frente al edificio. En pequeños bancos de piedra, en cajas y latas varias, en un pequeño escalón, en el suelo, en cuclillas, ¡no hay prisa! El aspecto del ropaje es, como siempre, muy colorido. Túnicas, velos y pañuelos cubren cabezas de mujeres (algunas caras también para las islamistas más ortodoxas) y piernas de hombres. Pese a la suciedad de las mismas, resultan muy llamativas y vistosas.

Nosotros, privilegiados por nuestra condición, pasamos directamente al interior por un estrecho pasillo de techo desconchado hasta acceder a una tórrida salita con una mesa rota, desencajada, de las que ningún amante de las antigüedades ni siquiera miraría y un ventanuco que apenas deja pasar la luz exterior. El ambiente es asfixiante.

Después de muchas idas y venidas, ruegos múltiples, afectuosos saludos de manos sudorosas y regalitos varios (gorritas, camisetas, llaveros y otra quincalla varia) a varios funcionarios locales, hoy hemos encontrado la solución:

Tras entregarle al Oficial de policía un par de sobres de “Smecta”, por fin tenemos los pasaportes.

Y es que no es imaginable ...lo que en D´Jibouti un antidiarreico puede curar.

viernes, 20 de marzo de 2009

Características del país

Información General

D´Jibouti tiene una población aproximada de 800.000 habitantes con una densidad de 30 hab/km².

Más de la mitad de la población se concentra en la capital.

Su composición étnica está formada por dos grupos dominantes: los Afars (38%), que ocupan el norte del territorio, y los Issas (47%), en el sur. A esto se añade, en la capital, una importante comunidad de árabes de origen yemení. Los europeos representan en torno al 4% de la población (de los cuales, cerca de 6.000 son militares mayoritariamente franceses).

Ultimamente merodean por la zona 49 españoles que se suben en un avión ... ¡buscado piratas!

Idioma

Las lenguas oficiales son el árabe y el francés. En el interior del territorio se hablan dialectos afars y somalíes. Es muy difícil encontrar alguien que hable inglés.

Religion

El 94 % son musulmanes sunnitas y el resto, cristianos (6%).

Clima y temporada

El clima es semidesértico, cálido y árido con temperaturas medias de 35 °C (de mayo a septiembre) y 25 °C (de octubre a abril). No hay estación lluviosa, pero la atmósfera es húmeda en mayo y septiembre.

La estación cálida, de mayo a septiembre, es realmente un suplicio. Durante esta estación, la temperatura del mar oscila en torno a 25 °C.
Salud

Las vacunas que se recomiendan son contra la fiebre amarilla, tétanos, poliomielitis, difteria, tifus, hepatitis A y B.
Es necesario emplear medidas antipalúdicas durante todo el año y es esencial protegerse de los mosquitos, muy voraces, sobre todo por la noche.
Así mismo es necesario llevar gafas, gorro y crema solar. Hay que evitar beber agua del grifo y comer verdura cruda. El SIDA es una pandemia. El 70% de las prostitutas de D´Jibouti son seropositivas.
Seguridad

La seguridad es adecuada tanto en la capital como en el resto del territorio y la gente en general es amable. Sin embargo hay que tener cuidado de no adentrarse en el interior. Si se circula en 4x4, se aconseja llevar bidones de gasolina, neumáticos de repuesto y una gran reserva de agua. También se aconseja, para cualquier desplazamiento fuera de D´Jibouti, presentarse tanto a la ida como a la vuelta en el puesto militar francés para informar del itinerario previsto así como de la fecha y la hora de retorno previstas.

Debido a la presencia de minas residuales que datan del conflicto civil de los años 90, se recomienda no salir de las pistas principales de tránsito frecuente.

En el mercado de D´Jibouti capital, conviene tener cuidado con los carteristas.

En las navegaciones hay que extremar el cuidado con la piratería marítima ya que la piratería se practica de manera endémica en la zona sur del Mar Rojo y en el Golfo de Adén.
A pesar del lanzamiento de una de las mayores flotas de lucha contra la piratería de la historia moderna, a lo largo de 2008 las costas de Somalia registraron ataques a un total de 111 navíos.
Los ataques contra las embarcaciones a lo largo de las costas de Somalia sólo terminarán cuando el orden sea de nuevo instaurado en los países del Cuerno de África. (especialmente de Somalia).
¡Por eso, para ayudar en lo que podamos, estamos aquí!

jueves, 19 de marzo de 2009

La población de D´Jibouti capital

Gran parte de los habitantes de D´Jibouti se las arreglan para malvivir en la calle, a la sombra de una palmera, duermen en las cunetas de las calles en una especie de nichos que hacen a base de piedras, como si fuesen animales y en muchas ocasiones rodeados de un buen número de ellos: perros, cabras y dromedarios forman parte del paisaje ordinario.

Su fortuna consiste en haber sobrevivido un día más. Su vida depende del destino. Se pueden observar multitud de personas caminando bajo el sol, sentados a lo largo de las carreteras y las vías públicas en lo que constituye “su lugar de residencia”.

Personas y animales se encuentran apelotonados en estos suburbios, donde la porquería de las calles apesta y las familias con niños y bebés consagran el día a su único objetivo: escarbar en la desolación en busca de algo para comer, una batalla desesperante que se reanuda todos los días, siempre. Comen dátiles de las palmeras de las calles. Los adultos distraen el hambre mascando hojas de khat.

En el país más tórrido del mundo, los niños y las cabras se disputan el agua en las mismas latas oxidadas. Los bidones amarillos (recipientes de 10 litros reutilizados como desecho de algún producto occidental), pueden verse por todas partes. No sé quién los llenará con agua para evitar que la población muera deshidratada en la gran ciudad. Muchos se deshidratarán por las diarreas. Uno de cada siete niños muere en sus primeros años de vida. Un adulto de 50 años está ya desdentado, tuerto o cojo, es un anciano con los días contados.

La esperanza de vida para los hombres es de 49,01 años. En las listas que miden el bienestar de las naciones, D´Jibouti siempre merodea el farolillo rojo. Sin embargo, sorprende la amabilidad de esta gente.

Caminando por la ciudad puedes ver una nube de niños alegres. Entre sus risas se cuela una estadística atroz: dos o tres de ellos morirán antes de crecer metro y medio. Una vacuna lo evitaría por cuatro duros.




Los adultos (analfabetos, esqueléticos y mutilados) deambulan por todas partes y al menor gesto amigable sacan una sonrisa de piano. Son todo muñones: cicatrices de las minas o de infecciones cortadas por lo sano. Además el cólera hizo estragos en la población y en el ganado hace veinte años y la polio es una enfermedad endémica.

Estos tullidos son los supervivientes que aún podrán vivir los cinco o diez años más que les promete la estadística.