lunes, 1 de junio de 2009

Apestadas

Me han estado contando la situación que viven miles de mujeres en este país que me sobrecoge por las dramáticas consecuencias que implica en su modo de vida:

Las condiciones en la que las mujeres de D´jibouti dan a luz a sus hijos son absolutamente precarias, muchas veces llegan incluso a provocarles la muerte. La mayoría sobrevive, pero muchas de ellas arrastran importantes secuelas de por vida. ¿Qué les pasa? Muchísimas mujeres viven marginadas, condenadas socialmente debido a que sufren una lesión llamada fístula obstétrica durante el parto, que les provoca incontinencia urinaria o fecal.




La lesión se produce como consecuencia del parto con complicaciones y prolongado, durante el cual las mujeres pasan días intentando dar a luz sin conseguirlo, debido a que su pelvis es demasiado pequeña y no permite el paso del bebé. En D´Jibouti existe un mayor índice de partos problemáticos ya que las mujeres tienen hijos muy jóvenes, incluso durante la adolescencia, además, en muchos casos su crecimiento se detuvo a consecuencia de desnutrición o alguna enfermedad durante la niñez. Además, aquí no existen los goteos que ayudan a la mujer a dilatar durante el parto.

La constante presión de la cabeza del bebé deja sin riego sanguíneo los tejidos entre la vejiga y la vagina, lo que ocasiona la muerte del tejido y una perforación por la que las mujeres sufren incontinencia. Por supuesto, el bebé acaba muriendo.

A partir de ahí, el goteo de orina es constante y la mujer huele mal todo el tiempo. Ellas intentan evitarlo ingiriendo menos líquido lo que agrava el problema ya que el orín es más concentrado y el olor más intolerable para la gente a su alrededor. En la mitad de los casos, su marido la expulsa de casa o su familia le pide que viva en una cabaña apartada, su comunidad le margina, no puede visitar a amigos ni viajar debido a su constante hedor y goteo. El machismo les condena a una vida marcada por la vergüenza y la marginación.

El bajo nivel de educación de las mujeres y su situación de sumisión agrava la situación. Muchas son analfabetas, no entienden lo que les ha pasado, creen que es una maldición divina. Las mujeres que sufren esta lesión viven escondidas. Se avergüenzan de ella, no salen, no son visibles a la sociedad. Sufren en silencio y no se quejan.



Reproduzco una historia cualquiera:

"Digamos que es una chica de 16 o 17 años. Nadie le ha dicho qué debe esperar del parto, así que llega a éste con cierta aprensión, espera que sea rápido, sólo están las mujeres del pueblo para ayudarla. Pasan los días y el bebé no sale, ella está exhausta y desesperada. Finalmente, el niño muere y, una vez muerto, el feto se contrae, los huesos se ablandan y la joven consigue expulsarlo. Así que ha perdido a su deseado bebé y piensa: 'Bueno, quizá pueda tener otro'. Está agotada y se va a dormir. Pero despierta a un horror incluso mayor y quizá desea haber muerto con el niño. Encuentra la cama encharcada en orina, quizá en heces, y se da cuenta de que no puede controlar los desechos de su cuerpo. Piensa que quizá si se queda muy quieta, al día siguiente todo acabe, pero no es así. La casa comienza a oler. Su marido regresa y pregunta por qué huele mal, y ella le explica que no puede controlarlo. Él se mantiene a su lado, probablemente la ama, pero después de unas semanas concluye que no lo soporta y la devuelve a su familia. Ésta también le quiere, porque es su hija, pero se encuentran con el mismo problema. Tienen otros hijos y vecinos que vienen a tomar café, no pueden llevar una vida normal, así que finalmente le construyen una cabaña en algún lugar y esta joven vive allí sola”.

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